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LA 'VIERNESIZACION' DEL DOMINGO PDF Imprimir E-Mail

La ética hacker, la de los apasionados a la informática puede ser una alternativa excelente a la propia del mundo laboral de los últimos dos siglos; la calvinista, basada en la laboriosidad diligente y la aceptación de la rutina, sin olvidar el sentido de que el trabajo el lucha constante que también se impone hoy día

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Aunque hace sólo seis años que se estrenó Matrix, ya se ha convertido en una película de culto para jóvenes aficionados a la informática, al cómic japonés e incluso a la filosofía moderna. A la vez, es despreciada por cinéfilos e intelectuales como un subproducto de "serie b" para consumo adolescente. Sea lo que fuere, el guión aborda de forma singular el tema de los grandes antiutopías como 1984, Farenheit 451. etc. A diferencia de estas obras, no anticipa una sociedad futura aberrante. sino que insinúa que la nuestra ya lo es. La singularidad de Matrix, lo que ha cautivado a mucha gente no ya tan joven, no es obviamente su manido mensaje anti-sistcma. sino cómo lo presenta, confundiendo mundo virtual, sueño y "realidad", lo que quiera que signifique en el filme. El protagonista es un hacker que literalmente "despierta". cobrando conciencia de ello.

El señor Anderson, que así se llama el protagonista para el sistema que lo aliena, trabaja como programador en una empresa convencional. Tan convencional que hasta los puestos de trabajo se distribuyen en panal: una serie de cubículos en hilera, separados por biombos, sugiriendo así la uniformidad que condiciona su desempeño y su cultura laboral. Por la noche, Neo, nombre de Anderson en el ciberespacio, es un avezado internauta capaz de descifrar claves secretas, lo que llevará a su "despertar". Tal vez, entre las muchas cosas que han hecho de esta película un icono para algunos jóvenes, entusiastas o no de la informática, se encuentra precisamente esta representación de la empresa como algo que ellos intuyen ajeno a sus aspiraciones, aunque con escasos 20 años sea difícil expresado con nitidez. En los pocos minutos en los que se ve al señor Anderson, o Neo, como trabajador de su empresa, su vida parece estar regida por esa ética protestante para sociedades de masas, desde Washinton al Moscú soviético, basada en la aceptación de la rutina, la laboriosidad diligente y el trabajo como un fin en sí mismo, convirtiéndolo en un asunto de conciencia, al margen de en qué consista o qué nos aporte intelectual y humanamente.

La cultura protestante del trabajo, que se asentó en el norte de Estados Unidos contribuyendo a construir un país poderoso, o por algunas regiones de Alemania, se ha ido propagando por el mundo despojada por supuesto de cualquier connotación religiosa a partir de las revoluciones industriales; y son escasas las opciones que ofrece el "sistema", en el sentido de Matrix, para no trabajar sometido a ella. Domina en la mayoría de las organizaciones de hoy, porque, entre otras cosas, suele formar parte de quienes asumen tareas de control y dirección. Pero también forma parte del ocio de las personas. De aquellos que "racionalizan" su tiempo libre al modo de lo que se haría en su empresa: no se está con los hijos sin un plan anticipado de lo que se va hacer con ellos, para asegurar la diversión; no se lee la prensa salmón dominical para disfrutar de estos artículos, sino para no quedar desfasado pro fesionalmente.

El tiempo es oro y nada responde a un azar sin agenda. Es lo que el filósofo Pekka Himmanen denomina "viernesización" del domingo o del tiempo libre. El empresario Ricardo Semler, del que hablamos hace meses, lo expresa de otra manera: "Somos capaces de contestar los correos electrónicos en domingo, pero nos sentimos culpables si nos tomamos el lunes libre", esto es, deberíamos "dominicalizar" también los días laborables y no sólo al revés, como ocurre en la cultura laboral calvinista. Ahora bien, el ocio pasivo, debido a un esfuerzo laboral continuado dentro de una cultura de trabajo autoritaria y rutinaria. también puede darse, como evidencian las tres horas diarias que, en promedio, los ciudadanos occidentales pasan ante el televisor. Himanen, con apoyo de Manuel Castells y otros, contribuyeron hace algún tiempo a recopilar los valores de una ética del trabajo alternativa para el siglo XXI, en una hipotética sociedad de redes y de la información hacia la que lentatmente evoluciona nuestro mundo capitalista. Ello, a partir de la incipiente cultura de los entusiastas de la informática de la que Matrix sirve hoy de ejemplo. Una ética que no elude naturalmente el trabajo. siempre y cuando responda a un sentido de disfrute y el trabajador sea dueño de su propio tiempo y sus ritmos. Posiblemente, empezando el camino de está ética se encuentran algunas empresas informáticas o, por el contrario, tal vez porque el hackerismo dejó su impronta en ellas, existen empresas en las que no hay horarios cerrados, ni objetivos impuestos, más allá de unas directrices misionales, y el mismo entorno de trabajo responde a un criterio entre Iúdico y hogareño, estimulante del disfrute y Ias relaciones abiertas. Google, podría ser un ejemplo, olvidándonos por un día de la pasada polémica con la tiranía china, al aceptar la censura en su buscador. Microsoft. según recoge Himanen, no es ejemplo, a la luz de las declaraciones de Gates: "Si no te gusta trabajar duro y dar lo mejor de tí mismo, no vengas a esta empresa". Sospechoso, aunque en honor a la verdad, los que han conocido o trabajado en las oficinas de Microsoft en Seattle no reconoccn en esa organización la anterior aseveración.

Pero. ¿cuáles serían los valores propios para una empresa que agradara a un hacker? Serían los siguientes: libertad, esto es, organizar el trabajo como un flujo que no rompa con otras pasiones de la vida. Porque el trabajo debe ser creativo o apasionante o no ser, desde la perspectiva hacker, lo que es un segundo valor. A continuación, accesibilidad y valor social, es decir toda la información para todos para su mejor aprovechamiento, lo que entronca obviamente con la filosofía del software libre pero también con la libertad de expresión y decisión.

Finalmente, protección de la individualidad, con todos sus estilos de vida y hábitos y, a la vez, preocupación responsable, reconociendo así que nuestros actos tienen un impacto, el que sea, en los demás y que todos deben poder participar. Estos valores no sustituirán pronto a los de la ética protestante; no obstante, ya conviven. Además. internet y la informática popular acaban de lIegar, y tenemos un siglo entero por delante.

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