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Lecciones para emprender como los piratas del Caribe PDF Imprimir E-Mail

Pirata es "el que emprende aventura". Podemos así establecer una paralela entre los pequeños emprendedores y algunos de estos rebeldes del mar. Singularmente, los de la Cofradía de los Hermanos de la Costa, renegados, celosos de su libertad e individualidad por encima de todo, al igual que ocurre con tantos emprendedores.'Libertad y botín' era el lema de esta cofradía, que en cierto modo recuerda al 'ganar dinero y pasarlo bien' que es la misión corporativa inspiradora de Gore&Associates

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En Nueva Providencia, Bahamas, se encontraba la fuente de la eterna juventud buscada por Ponce de León según la leyenda. Por suerte o verdad, dos siglos después Barbanegra estableció allí su refugio. Fue otro de tantos intentos en que unos forajidos del mar fundaban un pequeño estado. Ocurrió con el holandés Jan Janszoon y la República de Salé, en la Berbería; con el fabulado capitán Misson y su perdida Libertalia, en Madagascar; con el también marino holandés Mansvelt en otra isla caribeña asimismo de nombre Providencia, y por supuesto, con Tortuga, que pudo albergar, dicen, hasta diez mil renegados europeos y africanos en el siglo XVII.

Steve Jobs dejó escrito: “Mejor ser pirata que alistarse a los marines”. Una declaración de rebeldía frente a la calma chicha de la organización convencional, la cadena de mando y sus mareas misteriosas. Apple sería la república que gobierna -aunque habría que preguntar a su plantilla si es su líder- y no es difícil aventurar que ninguno de sus dispositivos digitales serían lo mismo bajo una cultura corporativa al uso, sea cual sea su talento singular. A muchos de aquellos marinos apátridas les movía este mismo espíritu emprendedor insurgente, pues etimológicamente pirata es “el que emprende aventura”. Del mismo modo, su cultura organizativa en altamar o en sus pequeñas repúblicas no hubiera sido igual sin las guerras europeas de la época que preludiaban la Ilustración, cuya violencia y motivos conocían: restos del ejército republicano de Cromwell, católicos escoceses jacobitas, campesinos británicos igualitaristas, marinos holandeses huidos del acoso español, y, por encima de todos, calvinistas hugonotes, perseguidos primero en Francia y en las Antillas después. Por otro lado, los negros liberados -no siempre se les devolvía la libertad- y los marinos de barcos mercantes y de guerra, huidos de un trabajo y una existencia de penalidades a bordo, configuraban  la abigarrada genealogía de la piratería caribeña. Casi todos, fajados peones sin patria, tierra ni oficio en el tablero político y comercial de la época.

Bill Gore dijo una vez: “Gana dinero y pásalo bien”. Es la misión corporativa, individualizada, de Gore&Associates, la empresa del GoreTex, y refleja dos de los grandes motivadores humanos. Hablando de penalidades a bordo, en nuestro mundo la mitad o más de los asalariados manifiestan o indiferencia o insatisfacción en su trabajo, lo que hace de la declaración de Gore algo subversivo en el medio empresarial... La naturaleza humana es la que es y, salvando las distancias, la Cofradía de los Hermanos de la Costa, la organización pirata más importante nunca habida, tuvo como lema “Botín y libertad” que, mutatis mutandis, expresa lo mismo que el citado fabricante de textiles especiales. No son casualidades las vidas paralelas entre una hermandad de marinos rebeldes configurada desde sus bases y las empresas realmente sobresalientes, cuyos empleados -o mejor dicho, asociados- son protagonistas de su destino. Pero a ambos también les mueve la mano invisible o, deberíamos decir, “el garfio invisible”, en palabras del economista Peter Leeson, buen conocedor de las fechorías y aventuras de Barbanegra, de Calico Jack y sus tórridos amoríos, en cuya vida se inspira el personaje de Jack Sparrow, de Samuel Belamy, considerado el Robin Hood de los mares, y los demás.

A bordo, la “chasse partie” era el código que regulaba la vida de los bucaneros y filibusteros de la Hermandad y de los piratas antillanos después. Por decirlo así, trabajaban por proyectos, fueran estos asaltar puertos o poner sus cañones al servicio de un imperio. Planteado el objetivo, se reunían a cientos o miles en la isla de Vaca, cerca de Tortuga. Los convocaba quien aspiraba a capitanear la flota. Si aceptaban su mando, lo que ocurría a menudo si resultados y popularidad le precedían, se votaba qué normas regirían la expedición. Eran apenas una docena de artículos. Según Ricardo Semler, CEO de Semco, “las empresas, en su búsqueda del control directivo, del poder y la predictibilidad, redactan normas hasta para los más nimios detalles, asumiendo que éso es lo racional”. Un poco más allá, el pirata Bellamy hablaba de “las leyes que los ricos hacen para su seguridad”... Semco, con unos 5.000 asociados en nómina, sólo tiene como normativa un folleto llamado “de supervivencia” que apela al sentido común. De igual modo, la “chasse-partie” concedía derechos y obligaba a miles de hombres y sus barcos con sólo un puñado de reglas relativas al reparto del botín, asignación de tareas, de cargos y su fiscalización, indemnizaciones en caso de amputaciones en los abordajes, entorno laboral, etc. Esto último es particularmente interesante pues aquí se conjuga la rectitud, ejemplaridad e individualidad del hugonote con cierta filosofía del trabajo, de hedonismo virtuoso a lo Googleplex, las oficinas de Google: ni capitán u otros cargos gozaban de privilegios a bordo -lujos, comodidades, alimentación, etc.-; por otro lado, los barcos llevaban músicos que tocaban melodías todos los días salvo los sábados, que libraban. Curioso, ¿no?. La vida pirata es la vida mejor, ya lo dice Walt Disney.

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